miércoles, 6 de mayo de 2009

Confesiones de un "pintor".

No he entrecomillado lo de pintor por gusto; aún me cuesta trabajo incluirme entre los profesionales del color y la pincelada; me gradué de escultura y dibujo hace más de un cuarto de siglo y aunque con todo el background que supone estar en el “ambiente” comencé a embarrar lienzos un poco a lo autodidacta muchos años más tarde siendo atento a las críticas (y no a los halagos) y a las conversaciones con mis colegas; de mucho me sirvió la alucinada palabra de Pedro Amador (piedra que ama, que bien puesto tiene el nombre ese puñetero), la verborrea del dicharachero Jesse Rios con su quinta extremidad, el vaso de cerveza, en la mano y las observaciones del reservado Villamil, amigo desde los tiempos de la Academia quien terminó graduándose del Instituto Superior de Artes y de hiperrealista consagrado.
Cuando me niego a autotitularme pintor no lo hago para posar de modesto sino porque es realmento lo que siento ante la tela; me cuesta aún algo de trabajo llegar a una conclusión alli; soy de quienes no hago boceto; dibujo directamente con el mismo pincel la composición básica y a veces con algunas marcas voy dejando saber donde querría más luz o contraste; esta etapa de dibujo, la hago con mucha soltura y la disfruto cantidad; cuando comienzo a aplicar el color es cuando empieza el dilema; mis indecisiones hacen cambiar completamente el color en un área varias veces; he llegado a tapar trabajos bastante adelantados; con el tiempo he descubierto que capa tras capa de pintura se enriquece el color como también la textura dejando un poco hacer al escultor con una espátula y pastas aplicadas al lienzo.

No dedico muchas horas consecutivas a pintar porque soy muy desconcentrado; la único que me ha retenido por horas en un mismo lugar han sido la arcilla y la plumilla y a falta de estas en los ultimos meses la computadora donde, como es sabido, se desarrollan actividades muy diversas; puedo dejar los pinceles mojados y decidir acomodar un closet, leer, jugar solitario, salir a caminar, hacer una llamada… no en balde mi “producción” se atrasa y las ideas, vertginosas, se adelantan a la mano; epecialmente en la “etapa” del color me vuelvo lento, no veo la hora de lograr el matiz para cada rincón del “reto” cuando, inesperadamente, un dia como hoy; tras alternar largos períodos de observación con pases de pincel, descubro que estoy terminando, ahora sólo falta pulir esta última etapa puede durar tanto como la “pintada” anterior pero es reconfortante al irse viendo los resultados.
Hoy, siguiendo todo este proceso descrito casi termino una pieza, aún sin título, anque los títulos a veces preceden a las imágenes; es casi de un metro cuadrado, algo más ancha que alta; formalmente se parece al anterior (“In Gold we trust”)por su hechura casi caricaturesca y con predominio del amarillo; la presencia de un colorido más variado lo incluye en la serie pintada un junio del año pasado, además, como algunos algo más pequeños de aquella vez, utilizo signos gráficos para convertirlos en paredes de laberintos; asi fue “Universo” con el grafema del OM y con “Principio y fin” donde utilizo el Alfa y el Omega. En este acrílico sin título utilizo el símbolo de hembra y macho; el primero con la llave de la puerta que lo guarda; en el otro una escalera con la cual se saldrá de su interior y eventualmente se podrá utilizar para escalar el muro hacia el interior de la hembra; de manera que, de nada le vale la llave… el título pudiera ser por ahi “De nada vale” o, más personal y directo “De nada te vale” pero le primero dice más cosas y no me hace asumir un papel de “macho amenazador” (el cual no me queda)… ¿alguna sugerencia?

sábado, 2 de mayo de 2009

Ineludible Larraz.


Por ciertas aberraciones de la política, valga la redundancia; quienes nacimos, crecimos e hicimos carrera artística en Cuba no supimos mucho o nada de nuestros colegas “del lado de allá”; un cuarto de siglo antes que el premonitorio 1984 de Orwell pero con la crudeza de un realismo mágico (más bien un realismo socialista) fueron excluidos de la historia del arte todos quienes abandonaron el entonces vigoroso y luego naufragante bote de La Revolución.
Es bueno apuntar como “del otro lado” tampoco se tendió a reconocer el desarrollo (hacia cualquier parte que vaya hay un desarrollo en el tiempo) de una cultura nacional que, como todas, se gesta amén de los mecanismos restrictivos o encauzantes; me refiero, por supuesto a esa dejada en el encierro insular, no a la otra, a fin de cuentas la misma llevada por el derrotero de los emigrantes que hicieron culto a los representantes del arte que habian tomado el mismo camino.
Las han cosas han cambiado; globalización aparte, alguna responsabilidad del intercambio posterior la tuvieron, al menos las artes visuales, la generación de los 80 y 90’s quienes casi masivamente brincaron el charco y quizás no se podía dejar una laguna en tal período de actividad artística; cómo hablar de la inserción de Cuba en corrientes más cosmopolitas que el realismo socialista de los setenta sin mencionar a Tomás Sanchez, José Bedia y más adelante a Gustavo Acosta, Tomas Esson y muchos más. Se haría más justicia si también mostráramos a los jóvenes artistas cubanos de hoy la obra de Julio Larraz, de Cruz Azaceta entre otros, sumados tempranamente a quienes pusieron mar por medio a su juventud, su contexto y una gama de contingencias personales.
La motivación para estas líneas no ha sido, como pudiera parecer, tal injusticia, ha sido la conciencia de haberme perdido por años la obra de tales artistas; como paliativo a tal circunstancia tuve el privilegio de, recien llegado, recibir de regalo un libro sobre la obra de Larraz de manos de un familiar suyo. Hoy, tras un paseo por la web, dedico un espacio a una pieza singular después de haber descubierto el gran apego y la gran luminosidad de este artista, ambas, supongo, herencias del Caribe aún a la mano desde Miami; su surrealismo suave y la naturalidad de algunos cuerpos desnudos nutren la serenidad de sus piezas; sus personajes calmos parecen detenidos para el propósito de ser pintados con sus contornos vibrantes y los rostros genéricos.
Este trabajo, del cual quiero anotar unas líneas aunque haya perdido el nombre, no desdice nada de esto, mas no deja de ser exótico; si bien muchos ambientes de Larraz nos evocan negros saharianos mostrando la arena y mar de otras latitudes; esta incursión por lo oriental no parece ser frecuente.
El personaje de este lienzo, gracias a su levitación, alcanza, preciso con su tercer ojo la linea del horizonte, divisora de dos dimensiones iguales pero invertidas, punto de partida para toda una filosofía; en el punto de contacto de esa línea y el el mencioando chakra un haz de luz se produce sugiriendo interiorización de esa realidad dual, la iluminación por la comprensió de estas cosas. El cuerpo oscuro, opaco puede estar limitado en ese cuadrado (entre los elementos de la arquitectura circundante compositivamente hablando) pero las montañas y la masa de agua, también parte de él sobrepasan estos límites